"Ya, todos somos dos personas, o tres o cuatro; yo a algunas de mis personalidades ni siquiera me las he cruzado todavía".
José Ovejero, "La invención del amor"
"Una mentira y todo cambia, se precipita, se disuelve. Una mentira y ya no puedes defenderte, decir: 'No es posible, te juro que no es así'. Porque ya te has creado un persona y has convencido a los demás de que ese personaje eres tú; y ahora no puedes salir tú mismo a escena para mostrar quién eres. Ahí está, tu doble, el otro inventado que querías que diese la cara por ti. Una mentira y ya no eres nadie, ya no existes, porque ahora a los ojos de los demás eres otro, ese que has dicho que eras".
¿De qué va "La invención del amor"? Es la historia de Samuel, un hombre entrado en años que un día recibe la inésperada llamada de un desconocido anunciándole que Clara había muerto. Fascinado con suplantar a alguien, se inventa un amor con esta chica fallecida y bueno, ahí queda en ustedes saber que pasó. Yo aún no lo terminé y creo que lo voy a dejar de lado por un tiempo, restan un par de hojas para saber cómo la novela finaliza. ¿Y si le invento el final? ¿Y si el libro no es más que eso, una invitación a reflexionar qué tanto inventamos de nosotros mismos? ¿Y no es acaso la invención un eslabón fundamental de nuestra #Identidad? ¿Y qué hacemos con los rasgos de nuestra #Intimidad que guardamos para nosotros mismos y los suplantamos con otros que hagan de nuestro "Yo" algo más interesante? Cuantas veces inventamos: inventamos sonrisas, inventamos "buenos días", inventamos caricias e inventamos sombras para no sentirnos tan miserables, "como cuando hemos dejado pasar una de esas oportunidades que de haberla aprovechado nos habría reconciliado con nosotros mismos".
"Es sabido que queremos que los ojos del otro reflejen no lo que somos, sino aquella persona que nos gustaría ser, aunque tengamos que cargar para ello con la sensación de insuficiencia al intentar adaptarnos a esa imagen ideal, más bien a esa deformación favorecedora de nosotros mismos. Y luego, en general, con el paso del tiempo, acabamos conformándonos con quienes somos, dejamos de fingir, reprochamos al otro que espere de nosotros más de lo que podemos darle, olvidando que justo eso era lo que le habíamos prometido".
"Siempre he evitado la palabra amor. Un sustantivo devaluado, una moneda tan usada que ha perdido el relieve de manera que se puede acariciar entre los dedos sin percibir imagen alguna; una moneda que no me atrevería a dar en pago por miedo a ser mirado como un estafador".
Este texto no tiene razón de ser, pienso. Escribo porque la urgencia de hacerlo tranquiliza mi ansiedad. Que sanadora puede ser la escritura, que poder curativo llegan a tener el peso de las palabras. Si leíste hasta acá, te felicito porque significa que algún sentido le encontraste. Yo no. A lo mejor acá es cuando cada uno empieza a escribir sus propios finales, sus propias invenciones.

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